¿Un empotrador… o un juguete?

La semana pasada, en el post titulado “50 sombras de Grey: juguetes eróticos, diversión y… ¿sumisión?”, os nombramos una de las palabras más mencionadas en los últimos tiempos, sobre todo entre las féminas: empotrador. Concretamente, os decíamos que hoy en día lo que se lleva es justamente eso, tener un empotrador, pero no entramos en detalles acerca de la importancia de poseerlo. Nos quedamos con ganas de preguntaros qué preferís, si un empotrador o si un juguete erótico, pero para que nos podáis responder, vamos primero a explicaros en qué consiste esa figura.

Qué es un empotrador y cómo identificarloshutterstock_285072413

Un empotrador es un claro macho alfa que no se molesta en preguntar si te apetece sexo o no, que domina a la perfección todas y cada una de las técnicas amatorias, un potro que sabe de sobra cuándo es el momento oportuno, dónde es el lugar ideal y, cómo no, es experto en llevaros al lego. Una mirada “sucia” basta para dejaros calladas, tal vez boquiabiertas, absortas. 

El empotrador no necesita enseñanza ni preparación previa, no es de los que se dejan llevar por vosotras, ni tampoco es el típico romántico que intenta acaramelaros con palabras bonitas. Él va a tiro hecho, os dice cosas salidas de tono y sin regalaros los oídos. Sabe cómo hacerlo para que os quedéis enmudecidas. Y queráis más.

¿Más? Sí. Más. Más que un juguete erótico con el que divertiros un poco. Mucho más que eso porque a ellos, los empotradores, no les va este tipo de artículo. A ellos les gusta lo salvaje, lo que saben que os hará enloquecer a vosotras. Porque sí, antes que su propio placer, se preocupan por vuestro deleite.

shutterstock_216890743Son muy activos, efusivos e imprevisibles. No planean, simplemente actúan: os jalan del pelo; así, justo como os gusta, os hacen suspirar, jadear, temblar. Saben cómo poneros nerviosas solo con acercarse a vosotras, aún sin tocaros. Ejercen un poder sobrenatural sobre vuestra piel, sobre vuestro cuerpo… y entre vuestras piernas ¡ni hablar! 

No tienen manuales; pero son sencillamente brutales y, sin prometeros el oro y el moro, os lo hacen con un ímpetu que a veces no sois capaces de soportar. Pero os gusta. Y ellos lo saben.

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Y vosotras qué preferís, ¿un empotrador o un juguete erótico?

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